- Tratar a tu hijo adolescente con el mismo grado de respeto con el que esperas que te trate a ti. No le insultes nunca, no le ridiculices tampoco.
- Dar mensajes afirmativos. Cada vez que se presente la ocasión, recordarle que le quieres. Cuando se ha arreglado, dile que está muy guapo. Cuando ordena su habitación sin que se lo hayas pedido, coméntaselo de tal forma que se sienta orgulloso (aunque no te lo vaya a demostrar).
- No pierdas el genio y no grites. Si empiezas a gritar, la capacidad receptiva de tu adolescente se bajará a cero. Si crees que vas a perder los papeles, suspende la conversación para retomarla en un momento en el que has logrado sobreponerte.
- No menosprecies nunca a tu hijo cuando estás enfadado o triste. Si algo que hace o dice te enfada o entristece, dile que prefieres hablar en otro momento. Es peligroso ignorarle o dejar de hablarle y seguir tan normal con otros miembros de la familia, porque sólo conseguirás distanciarle cada vez más.
- Evitar decir frases como "porque lo digo yo". Explica tus razones de forma tranquila a tu hijo.
- En una conversación, no entres en un monólogo. Termina tus frases con otra que invite a la comunicación:
- ¿Qué piensas tú?
- Parece muy importante para ti, intenta explicarme por qué.
- Buena pregunta, intentaré contestar.
- Me interesa mucho conocer tu opinión.
- ¿Comprendes lo que te intento explicar?
- ¿Quieres hablar?
- Organizar actividades conjuntas, a veces con toda la familia, a veces solos. Excursiones, comidas, una cena fuera, vacaciones... Si tu adolescente no quiere pasar todas las vacaciones con la familia, intenta buscar una solución y ayúdale a encontrar la manera de pasar tiempo con sus amigos y tiempo con su familia.
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